
Y después se desata la tormenta de mierda.
Roberto Bolaño
Me han contado que el cielo está hecho de mierda.
Que es un grave confabulado que no deja más resquicio al ser humano que la muerte.
Que en esa tormenta el azar no tiene cónyuge.
Y que después de todo, no existe más cielo. Existe el delirio, la certeza de que los ojos no sirven más que para esconder la idea del cielo.
Es por eso que el paseante se va. Por eso sigue de largo. Porque sabe que después de la tormenta de mierda no hay sino locura, ese camino con un piano bar sin petardos celosos de borrachera.
No.
En el cielo, también me han dicho, hay múltiples espejos que pluralizan la muerte. Y que la guerra enlodada de humanos es insoportable, porque sólo quedan dinamitas de humo cristalino para cuerpos mancillados de sudor.
Que allí pesa terriblemente hasta el viento. Que se caen una y otra vez pérfidas mimbres donde princesas cantan melodías escatológicas, honrando antepasados.
El éxtasis es parte de los caminantes; no hay remedio que valga la ceguera, el sendero encontrado de la críptica soledad.
Es por eso que el paseante se va. Por eso sigue de largo. Porque sabe que después de la tormenta de mierda no hay sino locura, ese camino sinuoso de febriles divergencias sin retrasos.
No.
Últimamente la certeza se ha hecho pan para cerdos. No hay memoria que guarde los secretos del cielo. Por ello las conjeturas decadentes prosperan allí. Porque no hay mal en la moral de la gloria soez, sino un auto de fe para el vulnerable hereje.
El dogma no es doctrina, ni la doctrina es desinteresada. La apostasía es la regla. El apostatar es celebrado bajo baños rojos de ríos deshilachados de frágil vesania. Me han dicho.
Es por eso que el paseante se va. Por eso sigue de largo. Porque sabe que después de la tormenta de mierda no hay sino locura, ese camino de baratas inquisiciones.
No.
Se comenta que hay una sola efeméride cotidiana en el cielo: el desasosiego. Un rumor de cordura gime de vez en cuando en esos días, pero el carnaval recela el tormentoso entorno.
Sólo los poetas cuchillo han cantado el cielo. Lo han tocado. Son ellos los que escriben el gran libro de la desesperanza, aunque siempre lanzan una salva al ojo desperdigado, lunático, creyendo en eso que estúpidamente llaman bonanza.
Sólo falta un desvarío para movernos en el pensamiento de la tormenta de mierda: el tiempo. El paso del tiempo produce horror. Y esto lo siguen repitiendo de un ojo a otro. La alarma choca contra el ingenio pudoroso del hombre, quemando todo espacio, quebrándose en perennes dechados de los penitentes ciclos.
Es por eso que el paseante se va. Por eso sigue de largo. Porque sabe que después de la tormenta de mierda no hay sino locura, ese camino lleno del misterioso silencio que llamamos miedo.
Ernesto Cazal

2 comentarios:
ERnesto: qué bonito esto, qué rico visualmente... que envidia jajaja! No, no ya en serio: lindo trabajo, me gusta
Gracias, Maribel. Por ahí tengo otros, te los paso un día de estos.
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